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Marlene Perkins: “Queremos lograr que la educación se reconozca como algo que debe estar más allá de las disputas políticas o de las crisis económicas”

Por Yolanda Menadas | Fotografías de Ana Enguídanos Baena

Más de 1,4 millones de niños están en peligro inminente de muerte por desnutrición aguda grave en Sudán del Sur, Yemen, Nigeria y Somalia. Bashar es sirio, tiene 12 años y desde el pasado enero sufre una discapacidad visual tras recibir un disparo de un francotirador, la bala entró por el ojo izquierdo y salió por el derecho.

Marlene Perkins, responsable de Sensibilización y Políticas de Infancia de UNICEF, nos cuenta la realidad que viven Emilia, Chris, Naazma… y la labor que realizan desde hace 70 años para convertir el mundo en un lugar donde los niños solo sean niños.

 ¿Cuáles son los mayores logros conseguidos esta temporada por UNICEF?

Nuestros logros son conseguir fondos de la sociedad española para realizar nuestro trabajo en los 190 países en desarrollo en los que actuamos. Estamos muy satisfechos con la recaudación que obtenemos, tanto de las instituciones como de todos los socios. Son nuestro mayor pulmón, hay más de 300.000 en España. Gracias a ellos, realizamos proyectos de cooperación y de emergencias. UNICEF ha crecido en los últimos años mucho dentro de la opinión pública española, de manera que, hoy en día, la aportación de España en emergencias también es extremadamente potente. En los países desarrollados hacemos una labor distinta a la que hacemos en los países en vías de desarrollo. Una es ésta, la de la captación de fondos; la otra gran vía de trabajo, de la que estamos muy satisfechos aunque queda mucho por hacer, es la de la incidencia política aquí en España. Hemos conseguido que haya 11 comunidades autónomas que hayan aprobado un pacto por la infancia, de cara a un futuro Pacto de Estado que prime los derechos de los niños en España. También trabajamos a nivel municipal, tenemos el programa “Ciudades amigas por la infancia” que exige una serie de requisitos a largo plazo a los municipios para que tengan planes para la infancia, como el derecho a la participación.

Explíqueme una de las últimas campañas que han realizado en cuanto a sensibilización.

Una de nuestras últimas campañas fue Trending Topic durante un tiempo. Se llama “Rompe el muro” y aborda uno de los temas que UNICEF más quiere trabajar en España, que es la xenofobia. En lugar de ver a un niño, vemos a una persona extranjera y la idea es romper esa barrera que nos separa.

Fotografía Ana Enguídanos Baena

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Y uno de los últimos proyectos realizado en los países en desarrollo en los que actúan.

Trabajamos en muchísimos proyectos muy diferentes en el ámbito de la cooperación internacional. Nosotros vemos qué derechos de los niños y niñas se están cumpliendo o no en determinado país y qué necesitamos hacer para llegar a una situación mejor. Después, se gestiona el dinero de los donantes y de los fondos propios que la administración destina. Y luego está el trabajo de acción humanitaria, algunos proyectos son muy mediáticos y se conocen mucho, pero también trabajamos en otros más complejos que suelen ser de emergencia estancada crónica. Estos últimos los trabajamos de una manera muy silenciosa, están siempre infrafinanciados y son extremadamente difíciles de llevar a cabo. El ejemplo que te voy a dar es un proyecto que estamos llevando a cabo en la República Centroafricana que es de asistencia a niños y niñas que han sido soldados y que han sido desmovilizados por UNICEF y están recibiendo una atención nuestra integral para poder construir una vida alternativa después de pasar por las fuerzas armadas. Es una situación de inseguridad enorme porque el conflicto sigue en marcha. En este proyecto, por ejemplo, una de las cosas más bonitas, desde mi punto de vista, es que se está trabajando con una asociación de abogadas mujeres y ellas instruyan legalmente los casos de estos niños en un país donde el sistema jurídico es prácticamente inexistente. También las comunidades locales, que están en una situación de enorme pobreza, se convierten en familias de acogida para estos niños y niñas que o bien han perdido a su familia o por razones de estigma o desplazamiento geográfico no pueden volver a su lugar de origen. Ésa es una de las cosas que encuentro más interesantes, el ver hasta qué punto se puede estirar la capacidad de resiliencia de gente que está en una situación increíblemente precaria y que aun así encuentra la capacidad de acoger a niños y niñas que están en una situación aún peor para darles una oportunidad.

¿En qué aspectos debe seguir insistiendo UNICEF?

Dentro del proyecto del Pacto de Estado, estamos poniendo mucho el énfasis en el pilar de la educación y en lo necesario que es encontrar un acuerdo que blinde los intereses desde el punto de vista de los niños y niñas, que son los protagonistas de esa educación. Perseguimos un acuerdo similar al Pacto de Toledo que en el año 1995 blindó las pensiones. Queremos lograr que la educación se reconozca como algo que debe estar más allá de las disputas políticas o de las crisis económicas. El enfoque que aportamos nosotros a esa iniciativa es desde el punto de vista de los derechos de la infancia, como que los niños y niñas son sujetos de derechos aunque no voten, el derecho al voto no es más que un derecho más.

¿Qué garantías ofrecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible a la Convención sobre los Derechos del Niño?

Estamos muy satisfechos con los ODS por múltiples razones. Ahora hay una gran parte de la agenda política que subyace la Convención sobre los Derechos del Niño que es común a la de la Agenda del 2030. Es cierto que no hay un objetivo específico de la infancia, pero los derechos de la infancia permean toda la agenda y algunas de las cosas que ofrece la agenda 2030 respecto a los ODM es que no es una agenda del norte hacia el sur basada en indicadores nacionales sino que es una agenda global y local, que compromete aquí y allí. Esto es lo que en lenguaje de UNICEF llevamos años llamando el enfoque de equidad que es que da igual dónde, se trata de que haya más equidad. Nosotros lo concebimos como una herramienta más para avanzar en nuestra agenda de derechos de infancia y la estamos trabajando con la Generalitat Valenciana, con los municipios valencianos y también a nivel internacional.

Fotografía Ana Enguídanos Baena

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Entonces, ¿cómo aplican estos objetivos mundiales en nuestro entorno más cercano?

A nivel nacional, estamos trabajando con Oxfam Intermón haciendo una serie de solicitudes al gobierno nacional para que haya una oficina específica dedicada a la Agenda 2030 en Vicepresidencia, que es el modelo clásico en este tipo de iniciativas. A su vez, trabajamos con las comunidades autónomas porque también tienen competencias. Tenemos la fortuna de que en este gobierno concreto de la Generalitat Valenciana existe una comprensión muy clara sobre este sistema y hay un punto focal que es la Dirección General de Cooperación, incluso ellos mismos están haciendo un papel que UNICEF tiene que hacer en otros lugares, que es estimular a los gobiernos locales y a la administración entera de que vaya asumiendo los retos que supone esta agenda. Aquí digamos que lo tenemos algo más fácil, pero nuestra tarea fundamental es sentarnos con aquellos que tienen la responsabilidad, y la reticencia porque no lo han hecho nunca, coger sus propios indicadores nacionales, ponerse una agenda y pedir cuentas después. Esto es un gran cambio de mentalidad porque era más fácil decir destinamos cierta cantidad a otros.

Y ¿en qué tipo de medidas los gobiernos deberían hacer hincapié?

Creo que en España y en general en los países de la OCDE, aunque parezca que no, uno de los indicadores más graves es el que tiene que ver con la pobreza infantil. Ocurre, precisamente, porque lo que nos ha faltado como sociedad es esa óptica de infancia. Ver que el colectivo menor de 18 años es un colectivo con unas necesidades específicas y por eso necesita políticas concretas para erradicar la pobreza. Un mensaje que nosotros dábamos en el año 2010 y que todavía es completamente actual es que la pobreza en España tiene el rostro de niño. Vemos a los adultos que están en paro, pero no vemos a los niños de las familias que están bajo la pobreza por esas circunstancias. Esa miopía ha sido también política, por tanto, no ha habido un sistema de protección suficiente y se traduce en cifras de pobreza infantil alarmantes. Y es generalizado en Europa. Otra cosa que no está contemplada en la agenda directamente, pero es un déficit importante en los países desarrollados, es la participación infantil y, de hecho, es interesante que en otros países que consideramos menos desarrollados, la participación infantil tiene un recorrido muchísimo más largo que el que pueda tener aquí.

Hablábamos al principio de los socios, ¿qué papel juega la sociedad civil?

Es fundamental. Se ve muy claro en procesos como el que te comentaba del Pacto. En la Comunidad Valenciana, Les Corts hicieron una declaración institucional acerca del pacto hace un año y está muy bien. Pero si tú no has trabajado con la sociedad civil, los proyectos no podrán seguir adelante. Además, la sostenibilidad de los derechos de la infancia pasa por una sociedad civil detrás que sea la que la exija. Realmente, para que las administraciones estén a la altura, todos tenemos que remar hacia la misma dirección y la sociedad es clave.

Si ahora cerráramos los ojos y al abrirlos estuviéramos en 2030, ¿qué le gustaría encontrarse?

Muchas cosas. Yo intento ser optimista porque llevo muchos años en esto y creo que hay que ser optimista porque muchas cosas salen mal y otras ya las hemos ido logrando. Me gustaría pensar que las tasas de pobreza infantil hayan bajado o se mantengan conservadoras y que, de la misma manera que tenemos una conciencia social de mantener de una forma digna la pensión de los mayores, haya políticas para la infancia. Y que nos hayamos acostumbrado como sociedad a escuchar a los niños y niñas a través de mecanismos de participación. Y creo que, además, ayudaría a todo el mundo que nuestras ciudades estén hechas pensando en sus intereses, porque una ciudad donde los niños puedan jugar, donde el tráfico no es el que manda y donde hay zonas verdes es una ciudad que probablemente sería mucho más chula para todos, no sólo para ellos. Espero también no tener que contar proyectos como el que te he explicado hoy de la República Centroafricana. Aunque, bueno, esto ya es fantasear. Pero siempre decimos que la Convención sobre los Derechos del Niño se aprobó en 1989 y todo lo que se ha logrado en ese periodo no se había logrado hasta la convención, entonces sabemos que de aquí al año 2030 conseguiremos muchos más logros que ahora nos parecen imposibles, así que seguro que será mejor que lo que tenemos ahora.

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